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Cicatrices y adherencias: cuando una cirugía sigue dando problemas tiempo después

Foto del escritor: Isabel Acedo
Isabel Acedo
hace 2 horas
6 min de lectura

Una cicatriz puede estar perfectamente cerrada por fuera y, sin embargo, seguir generando problemas en los tejidos que se encuentran debajo.

Después de una cirugía, una herida o un traumatismo, nuestro organismo inicia un proceso de reparación para recuperar la continuidad de los tejidos. La cicatriz es una parte normal de este proceso, pero en algunos casos el tejido pierde movilidad, se vuelve más rígido o aparecen adherencias que pueden limitar el movimiento y alterar la función de la zona.

En Isabel Acedo Fisioterapia, en Logroño, tratamos cicatrices y adherencias después de diferentes tipos de intervenciones, especialmente cuando empiezan a provocar tirantez, dolor, pérdida de movilidad o dificultad para realizar determinadas actividades de la vida diaria.




¿Qué es una adherencia?

Cuando se produce una cirugía, no solamente se altera la piel. Dependiendo del procedimiento, también pueden verse afectados diferentes planos de tejido situados debajo: tejido subcutáneo, fascia, músculos y otras estructuras.

Durante la cicatrización, el organismo genera nuevo tejido para reparar la zona. En ocasiones, este proceso puede provocar que diferentes capas de tejido queden unidas entre sí y pierdan parte de su capacidad normal de deslizamiento.

Es lo que conocemos habitualmente como una adherencia.

Podemos imaginar los tejidos como diferentes capas que deberían poder desplazarse unas respecto a otras. Cuando aparece una adherencia, ese movimiento puede quedar restringido y generar una sensación de tirantez o limitación.


¿Cómo saber si una cicatriz tiene adherencias?

No todas las cicatrices necesitan tratamiento. Muchas evolucionan correctamente y no producen ningún problema.

Sin embargo, existen algunos signos que pueden hacernos pensar que el tejido no está recuperando completamente su movilidad:

  • Sensación de tirantez alrededor de la cicatriz.

  • Dolor o hipersensibilidad al tocarla.

  • Zona endurecida o poco móvil.

  • Sensación de que la piel está “pegada”.

  • Molestia al estirar o realizar determinados movimientos.

  • Pérdida de movilidad de una articulación cercana.

  • Cambios de sensibilidad alrededor de la cicatriz.

  • Molestias que persisten meses después de la intervención.

Lo importante no es únicamente cómo se ve la cicatriz, sino cómo se comportan los tejidos y si está interfiriendo en la función.

Una cicatriz puede tener un buen aspecto estético y presentar restricciones en planos más profundos.


¿Por qué una cicatriz puede afectar al movimiento?

Nuestro cuerpo necesita que los diferentes tejidos tengan cierta capacidad de desplazamiento.

Cuando una zona cicatrizada pierde movilidad, la tensión generada puede transmitirse hacia estructuras próximas. Dependiendo de dónde se encuentre la cicatriz, el paciente puede notar molestias al mover un brazo, extender una pierna, girar el cuello o incluso durante movimientos tan cotidianos como hablar o tragar.

Por eso, en fisioterapia no tratamos únicamente la línea visible de la cicatriz. Valoramos cómo se mueve la piel, los tejidos situados debajo y qué ocurre cuando el paciente realiza el movimiento que le genera molestias.


Cicatrices después de una cirugía

Las adherencias pueden aparecer después de prácticamente cualquier intervención quirúrgica.

En consulta podemos encontrarlas después de cirugías abdominales, intervenciones traumatológicas, cesáreas, cirugías mamarias, intervenciones de rodilla, cadera, hombro o pie, cirugías estéticas o procedimientos realizados en la zona cervical y facial.

Cada cicatriz es diferente y su tratamiento dependerá de la intervención realizada, el tiempo transcurrido, el estado de los tejidos y los síntomas del paciente.


Un ejemplo: las cicatrices después de una cirugía de tiroides

Una cicatriz cervical es un buen ejemplo de por qué no debemos valorar una cicatriz únicamente por su apariencia.

Después de una cirugía de tiroides pueden verse implicados diferentes planos de tejido en una zona que participa constantemente en movimientos del cuello y en funciones como la deglución.

Si aparecen restricciones o adherencias, algunas personas pueden experimentar sensación de tirantez en el cuello, molestias al tragar o hablar y limitación en determinados movimientos.

En estos casos, la fisioterapia puede trabajar sobre la movilidad de la cicatriz y los tejidos relacionados, siempre después de valorar individualmente al paciente y descartando previamente otras causas médicas de los síntomas cuando sea necesario.


¿Cuándo se puede empezar a tratar una cicatriz?

No existe una fecha idéntica para todas las personas.

El momento para comenzar dependerá del tipo de cirugía, de la evolución de la herida y de las indicaciones médicas. Durante las primeras fases debemos respetar completamente el proceso de cicatrización.

Antes de trabajar directamente sobre una cicatriz es fundamental comprobar que la herida está correctamente cerrada y no existen signos de infección, apertura u otras complicaciones.

Además, el tratamiento cambia según la fase en la que se encuentre la cicatriz. Una cicatriz reciente no se trabaja de la misma manera que una adherencia que lleva meses o incluso años presente.


¿Se pueden tratar cicatrices antiguas?

Sí. Que hayan pasado meses o años desde una cirugía no significa necesariamente que no podamos trabajar sobre la zona.

En cicatrices antiguas es especialmente importante valorar si existe realmente una restricción de movilidad y si esa restricción está relacionada con los síntomas actuales.

El objetivo no es “borrar” una cicatriz antigua, sino intentar mejorar la movilidad y la función de los tejidos cuando existe una limitación susceptible de tratamiento fisioterapéutico.


¿Cómo tratamos las cicatrices y adherencias en fisioterapia?

El tratamiento debe adaptarse a cada paciente. Antes de comenzar realizamos una valoración de la cicatriz, su movilidad, sensibilidad y relación con los tejidos próximos.

Según el caso podemos combinar diferentes herramientas.


Mediante técnicas específicas trabajamos la movilidad de los diferentes planos del tejido y las restricciones que encontramos durante la exploración.

No se trata simplemente de “dar un masaje” sobre la cicatriz. La dirección, intensidad y profundidad del tratamiento dependen del tejido que queremos trabajar y del momento de cicatrización.


En determinados casos podemos utilizar neuromodulación ecoguiada como complemento del tratamiento, especialmente cuando encontramos alteraciones relacionadas con estructuras nerviosas o cambios de sensibilidad.

La ecografía nos permite utilizarla de manera precisa sobre las estructuras que previamente hemos valorado.


El láser de alta frecuencia puede incorporarse en determinados procesos de recuperación tisular como complemento del tratamiento fisioterapéutico.

Su utilización dependerá siempre del estado de la cicatriz, del momento de evolución y de los objetivos que buscamos en cada paciente.


Tratar manualmente una cicatriz puede no ser suficiente si posteriormente el tejido no recupera su función dentro del movimiento.

Por eso, cuando es necesario, incorporamos ejercicios específicos para conseguir que la zona vuelva progresivamente a participar en los movimientos habituales del paciente.


En Isabel Acedo Fisioterapia disponemos de ecografía de alta gama como herramienta de apoyo a nuestra valoración.

En determinados casos puede ayudarnos a observar los tejidos de la zona y orientar mejor el tratamiento.

La ecografía utilizada en fisioterapia tiene una finalidad valorativa y de apoyo al tratamiento y no sustituye las pruebas médicas ni constituye un diagnóstico médico.


¿El tratamiento de las adherencias duele?

No debería asumirse que para trabajar una cicatriz haya que realizar técnicas muy agresivas.

El tratamiento se adapta al estado del tejido y a la sensibilidad de cada paciente. Aplicar más fuerza no significa necesariamente obtener un mejor resultado.

Especialmente en cicatrices recientes, el respeto por los tiempos biológicos de recuperación es fundamental.


No todas las molestias después de una cirugía son una adherencia

Este punto es especialmente importante.

Tener dolor, tirantez o molestias después de una intervención no significa automáticamente que exista una adherencia.

Detrás de estos síntomas pueden existir diferentes causas, por lo que primero debemos realizar una valoración adecuada y, si encontramos algún signo que no corresponde al ámbito de la fisioterapia, derivar al profesional sanitario correspondiente.


¿Cuándo consultar por una cicatriz?

Puede ser recomendable realizar una valoración si, una vez superada la fase inicial de recuperación, notas que la cicatriz está muy rígida, tienes sensación de tirantez, existe una zona especialmente sensible o endurecida, has perdido movilidad o determinadas actividades continúan provocando molestias.

También puede ser interesante valorar una cicatriz antigua cuando existe una limitación funcional persistente relacionada con la zona intervenida.


Tratamiento de cicatrices y adherencias en Logroño

En Isabel Acedo Fisioterapia, en Logroño, realizamos una valoración individualizada de las cicatrices y de los tejidos que las rodean.



Nuestro objetivo no es únicamente mejorar el aspecto externo de la cicatriz. Buscamos recuperar, siempre que sea posible, la movilidad entre los tejidos, disminuir las restricciones y conseguir que la zona vuelva a participar con normalidad en las actividades del paciente.

Para ello podemos combinar terapia manual, ejercicio terapéutico y tecnologías como el láser o la neuromodulación ecoguiada cuando están indicadas.

Porque una cicatriz no termina necesariamente donde vemos la línea sobre la piel. Lo verdaderamente importante es cómo se comporta el tejido que hay debajo y cómo está afectando a la función.

 
 
 

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